Recordando casi empiezo unas memorias

Memorias de un escutero sarnoso

Haciendo referencia a Groucho. un groucho a dos ruedas. Ver
con guasa (y con ternura), ¡cómo somos!. Reírnos de nosotros mismos. ¿Por qué
nos tomamos tan en serio hacer 1000
Km. sentados en un artilugio con forma de inodoro con
ruedas de carretilla, sobre un asiento más duro que una tabla, cuya velocidad
es superada por cualquier caracol de última generación, y con frenos casi
ornamentales.

Son casi 30 años de afición, a veces eufórica, otras
enfermiza, frustrada, imposible, recuperada, pujante; de un motorista de a pié,
perdón de a moto. Pero de esa moto que los lleva a clase, que pasea a la novia,
que madruga para ir al curre, que nos hace reconocer al amigo, que nos lleva a
comprar un libro.

Escucho la canción Azzurro de Adriano Celentano: me
encanta…..Perdón, sigamos.

No hay grandes hazañas aquí. Nadie nos va a reconocer otra
cosa que no sea nuestra locura (por decirlo con benevolencia). Ahora, si eres
consciente de lo que estas viviendo, puede que escapes de la mediocridad, y te
dé ilusión despertar cada día, porque en esto, ejerces la libertad de hacer lo
que te gusta.

Planeo un viaje. Dispongo de poco tiempo. Seguramente la
distancia no sea mucha. Tal vez eso no me importe, lo fundamental es elegir
bien el camino. Y afrontarlo con los sentidos bien abiertos.

Que pequeño me siento cuando enfrento la carretera  sentado en mi pequeña Vespa. Los demás
vehículos me adelantan sin piedad, casi sin poder percatarme de su inexorable
aproximación.

Viajando en Vespa, nuestro camino siempre es más largo que
para los demás, las jornadas más extensas, las cuestas más pronunciadas, los
destinos más lejanos. Avanzamos imperceptiblemente, casi pegados al paisaje.

Un vencejo cruza mi trayectoria, frente a la pantalla de mi
casco, y nos saludamos. El sigue su camino y yo el mío. Las montañas, al fondo,
parecen inalcanzables, fijas en el horizonte. Termino llegando a sus
estribaciones y voy trepando, tan lentamente que parece que camino. Mirado a
ambos lados del escudo, percibo el asfalto como una piel oscura y agrietada..
soy un insecto diminuto que recorre el lomo de un elefante infinito…

Pese a utilizar una máquina para desplazarme, mi dimensión
es humana, los medios que utilizo sencillos y limitados. No puedo llevar muchas
cosas conmigo. Si vamos Amparo y yo, apenas nos vemos, pero el contacto es
íntimo, la complicidad absoluta, hasta desarrollamos una intuición que nos hace
reaccionar al unísono ante las vicisitudes de la carretera. Todos estas
experiencias hacen que el viaje tenga mucha proporción de aventura.

Ir en moto es un rescoldo de nuestra infancia que arde para
siempre en el corazón. Nace en nuestros primeros intentos de montar una bici,
poniendo a prueba nuestra habilidad. Hasta que dominamos la máquina y ésta
empieza a proporcionarnos unas sensaciones que anidarán en nosotros y  que jamás olvidaremos.

Cuando al fin experimentamos con una moto (siempre hay un
prestatario), las sensaciones se multiplican hasta llenarnos de una euforia que
sólo conoce el que la ha experimentado: dominio, libertad, audacia, casi vuelo.
Muchos quedamos hechizados, jamás dejaremos de desear sentir esto (no siempre
podemos realizar nuestros deseos ). Involucramos todo nuestro cuerpo en un
fluir por el espacio que nos rodea y eso nos compensa de tantas amarguras….

 

Allá por el año 81, recién terminado el servicio militar,
cumplo mi sueño.: obtengo el A-2
a la primera, tras dominar a la escamosa vespa de la
auto-escuela. Como quiera que tenía un trabajo e ingresos fijos, me compro mi
primera moto matriculada: una preciosa, blanca y tranquila Lambretta 200 cc.
Con ella ya podemos ir legalmente Amparo y yo a todas partes…Estrenamos
libertad.

Me viene a la mente la primera moto a la que me trepé.: una
Lambretta LD 125 de mi tío Fernando allá por los primeros años 60, cuando el
seiscientos todavía era un sueño; en ella nos montábamos mis primos y yo como
si fuera una nave espacial que tripulábamos mirando el estático velocímetro, y
moviendo el manillar de lado a lado….

   El pasado se
disuelve como la azulada estela azul que despide mi 200. Muchas cosas que en su
momento nos parecían trascendentales, quedan aparcadas en ese arcén en el que
no podremos volver a  estacionar.  Otras, como icebergs, asoman una mínima
parte  en la superficie de nuestra
memoria. En el fondo quedan cosas que todavía nos duelen sin que nos demos
cuenta. Conviene curarlas recorriendo sin parar el lomo de la serpiente.

  Paseo por la ciudad,
envuelta en esa luz dorada de las primaveras mediterráneas. El motor petardea
cadencioso mientras serpenteo entre los coches, que ya sin muchas prisas, se
dirigen perezosamente a casa. Vago entre semáforo y semáforo, sin otra inteción
que  disfrutar del suave balanceo entre
esquina y esquina, envuelto en el magma solar del atardecer. Lo demás, es ese
momento no importa. Sólo ese momento es una vida. Pero esto solo sucede pocas
veces en un año. El resto de los días el tiempo sí que existe. A veces paso
toda la semana esperando el domingo sólo para que salgamos con la moto. Que la
jornada sea  hermosa, que el corazón te
dedique una canción.

  Algún día tendré que
hablar del lomo de la serpiente. No hay que tener prisas al recorrerla. No sea
que  pases de largo lo que realmente
importa. La serpiente tiene cabeza. Y cola. Todo irá bien mientra recorras su
listado lomo.

A mi padre nunca le gustaron las motos. Pero aún así, me
compró mi primer ciclomotor (mi primera "moto"). No pude elegirlo, por lo que me
tuve que aplicar aquello de "si no puedes tener lo que quieres, quiere lo
que tienes". A los pocos meses, con el dinero ganado en trabajillos
esporádicos, lo dejé tan cambiado, que era irreconocible. Me encantó poder
hacerlo a mi imagen y semejanza. Me parecía maravilloso, pero…. expolié mis
arcas y tanta modificación dió al traste con su, digamos, fiabilidad mecánica.
Tuve que venderlo a piezas, pero la experiencia imprimió carácter, quedé
prendado de las motos para siempre.

El  servicio militar
marcaba un paréntesis en la vida de los españolitos de entonces…y  el obligado desplazamiento geográfico postró
a la moto en el letargo del garaje. Pero aprisionados en la disciplina,
soñabamos convertirnos en el  capitán
américa y recorrer largas y solitarias carreteras..

 

 

 

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About serpdasfalt

Diseñador, grafista y dibujante. Enamorado de las motos y los scooters.

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